dialoga en Lima y en Loreto

La naranja mecánica

Publicado: 2010-11-12

Por fin. Ayer... ¿o fue anteayer?... hace muy pocos días vi "La Naranja Mecánica". Digo finalmente porque la película del estadounidense Stanley Kubrick es de culto entre los cinéfilos de nuestro medio (y hasta más), cosa que yo no soy, pero que hinca cuando cinéfilos es lo que se tiene de satélites de la vida cada ciertos días, cada ciertas calles, cada ciertas palabras, cada cierta canción.

¿Y saben qué? Me gustó. La película me gustó mucho. La he sentido redonda, dígase de todo concepto totalizador aun dentro de su tramado. O sea que la crítica y el retrato de un sistema tirano absolutista del futuro (ahora a la vuelta del presente), muestran cara, sello y diámetro de la misma moneda; en La Naranja Mecánica nadie se libra.

¿De qué va esto? Una pila de mocosos (pónganles quince primaveras), toman leche con droga para volverse ultra violentos y divertirse mejor matando y violando gente. Tienen una jerga propia (equiparable a la de los jóvenes de pandilla... visionario el tío novelista Anthony Burguess), y un líder... oh sí, qué líder. Ya no recuerdo cómo es que se llama, pero el punto es que es un big bebote, que quiere teta, que quiere jugar.

Lo desea con furor, con pasión, aparentemente más que cualquiera de sus tres compañeritos. Y así, salen de noche "de cacería" (previamente diseñada), arruinan, suprimen algunas vidas, y como quien se va de juerga regresan a la madrugada a casa de sus padres porque hay que ir a estudiar.

Cierto día, cansados de la cuasi tiranía de Big Bebote, sus compañeros (un idiota, un debilucho y un lánguido), deciden boicotearlo, acción  enfrentada a reacción en el acto, que a su vez no hace sino quebrar por completo la paciencia del trío y la poca lealtad que le quedaba,  una noche, que acababa con el último delito que dejaría vislumbrar la película a manos de estos chicos.

Big Bebote va a la cárcel. Al poco tiempo (no... no estoy …no lo sé, en ésta parte me quedé dormida), sabe de ciertos científicos afiliados al Gobierno que se encuentran en busca de presos acusados de crímenes violentos para probar un nuevo tratamiento psicológico - muy in para la época - que consiste en proyectar al preso una serie de imágenes de violencia extrema (no vale pestañear), hasta que sientan dolor físico como para vomitar

¿El resultado? Por más que el cuerpo, la mente, los vellos, los huesos griten violar, enajenar, despedazar, destruir a otro ser humano, el dolor se reproduce antes de avanzarse un paso mismo hacia el delirio, y el victimario, totalmente víctima, apenas si puede ponerse en cuatro patas para exhortar las  náuseas que se comen desde dentro. De salir bien los experimentos, los presos serían devueltos a la vida en sociedad.

¿Y qué creen? ¿Se la saben? Claro que sí: Funcionó, y Big Bebote salió en libertad. Y su autómata familia, ancianos miserables marginales, amigos mediocres y envidiosos, supervivientes a los asesinatos de los pandilleros, todos ellos, lo destrozaron por dentro y por fuera, de una y mil maneras.

El final les pertenece. La crítica social a los sistemas absolutistas es completa: sinesencia. De eso se trata, según la película (mas no el libro, pobre Anthony, lo enterraron con sus propias letras), muestra a la política en este tipo de regímenes como un aparato de poder que baila la canción que el pueblo sometido quiera escuchar.

Por un lado, se asegura orden a la fuerza, se use la violencia, la ciencia o billetes con la cara del tirano impresa. Por otro, si acaso eso ya no contenta, se quita; los valores no existen, la ética brilla por su ausencia.

Big Bebote pasa de ser un artistón demente en una sociedad monótona y mediocre a un pobre diablo que cada vez que desea algo de verdad, le duele el cuerpo y tiene que vomitar. ¿Sus compañeritos pasan de ser niños malos a tombos peores; los intelectuales pasan de buscar el bien mediante el uso de la razón y el saber, a buscar el mal exigido para complacer una mente retorcida; los marginales se aprovechan de los débiles ; los padres son obsesos de protegerse, y la ciencia, al servicio del mal, carece de sapiencia.

Si no la han visto, su recorrido en cine es aun más corto que el mío, ¡y eso es terrible! Así que chapen su combi/taxi/matraca, y alcáncenme YA, en polvos. Vamos, que el fin del mundo está cerca, ¿Tienes una ventana cerca? Asómate. ¿No ves Un Mundo Feliz? ¿1984? ¿La Naranja Mecánica?


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FusilArte

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